“Fratelli e sorelle… buona sera”

0
1560

Habemus-Papam-.-La-multitud-estallo-entonces-en-aplausos-y-vitores-cuando-el-nuevo-Papa-salio-a-saludar-desde-el-balconCon estas sencillas palabras en italiano, el Papa Francisco, nuestro Santo Padre, comenzó a tocar nuestros corazones con la sencillez, la esperanza y la humildad. Esas palabras suyas han tenido eco en todo el mundo.

Unidos en ferviente plegaria, la Iglesia entera esperó con esperanza el desarrollo de los acontecimientos de las últimas semanas: la renuncia del Papa Benedicto XVI, las Congregaciones de Cardenales y, finalmente, el Cónclave, y la elección del nuevo Papa. En Roma, muchos  Redentoristas se encontraban en la Plaza de San Pedro a la espera del anuncio y saludo del Papa Francisco. A sus primeras palabras, la Plaza entera se paralizó. Cuando nos invitó a rezar, cientos de miles de cabezas se inclinaron en silencio. Y oramos.

Apenas acababa de comenzar su ministerio como nuestro Santo Padre y sucesor de San Pedro  cuando ya el Papa Francisco había tocado de alegría y esperanza los corazones de los cristianos de todo el mundo. Esperanza es la palabra que escuchamos por doquier en Roma.

con los que sufrenSu forma sencilla y de cercanía al pueblo ha tocado una cuerda sensible de  los Misioneros Redentoristas y de cuantos comparten nuestro carisma. Su invitación a todo cristiano a entregarse a la misión de evangelizar, especialmente a favor de los abandonados y los pobres, se hace eco de nuestro carisma redentorista y de la misión de la Iglesia. Como dijo a sus compañeros obispos de Argentina: «no gasten dinero para venir a Roma a mi inicio de Pontificado. En su lugar, den ese dinero a los pobres». Todos íbamos a estar con él en espíritu en la solemnidad de San José.

En su día, mucha gente llamó a Alfonso ‘un nuevo Francisco de Asís’ por su manera sencilla de evangelizar y por su amor a los abandonados y a los pobres. Hoy, podemos echar mano de esa misma forma sencilla de evangelización y de amor a los abandonados y a los pobres para renovar la Iglesia. Tal vez haya dado Dios a nuestro tiempo otro «nuevo Francisco de Asís’.

¡Bienvenido, Santo Padre! En el espíritu de San Alfonso, le acogemos como Vicario de Cristo y verdadero pastor del rebaño de Cristo. Aceptamos con alegría su invitación y desafío a predicar el Evangelio siempre de manera nueva. En comunión con toda la Iglesia, le ofrecemos nuestra obediencia y sometimiento (Const. 18). ¡Que su ministerio entre nosotros dé abundante fruto para el Reino de Dios y el bien de nuestros hermanos y hermanas! ¡Que Nuestra Madre del Perpetuo Socorro le acompañe siempre! En el espíritu de Jesús, que el Señor lo bendiga con arrojo y paz, con esperanza y amor. Amén.

En Jesús, Nuestro Santísimo Redentor,
Michael Brehl, C.Ss.R.
Superior General

Nota del Editor: El Padre General envió un telegrama al Santo Padre felicitándole por su elección y, en nombre de la Congregación, se unió a él en la oración para que Su Santidad sea bendecido con un fructífero y alegre Pontificado, pletórico de misericordia y amor a los pobres. El Padre General envió también un telegrama al Superior General de los Jesuítas, Padre Adolfo Nicolás Pachón, S.J., expresando una vez más la alegría de los Redentoristas de que un hijo de San Ignacio haya sido elegido para el Ministerio Petrino.


 

Roma
Humilde, pero elegido
Relato de un testigo presencial en la Plaza de San Pedro
Gary Ziuraitis, C.Ss.R.

La tarde del miércoles, 13 de marzo, ya al crepúsculo y mientras se tenía una vigilia de oración en la Plaza de San Pedro, una traviesa gaviota nos distrajo a todos al posarse sobre la chimenea de la Capilla Sixtina. Fue como si de una argucia del Espíritu Santo se tratara para expresar  plásticamente el común sentimiento de la multitud allí reunida, bajo una lluvia pertinaz, desde hacía horas: «¡Venga, vamos ya!»Durante las 26 últimas horas parecía que hubiera tres tipos distintos de espectadores en la Plaza de San Pedro: p
Primero, los optimistas, los que enseguida fueron ocupando los primeros puestos tras  las vallas delanteras, ansiosos de disfrutar de la vista más cercana posible al balcón central de la logia de la Basílica de San Pedro, al que saldría el nuevo Papa a saludar. Después, estaban los que deambulaban por medio de la Plaza mezclándose unos con otros, los expectadores que diríamos, que, al igual que las vírgenes sensatas, se preparaban para la llegada del novio pero sin quemar  demasiado pronto el aceite de su entusiasmo. A continuación, al final de la Plaza y pasada ya la  columnata de Bernini, los pesimistas – quienes se resguardaban de la lluvia o no creían que el humo blanco fuera a venir tan pronto; sólo se posicionaban para que, a la primera bocanada de humo negro, poder huir rápidamente de la Plaza de San Pedro en el primer autobús, taxi, o metro que les llevara a casa.
p
los optimistas
p
los expectadores
p
los pesimistas

La mayoría de nosotros, allí, en la tristona tarde del miércoles, pensábamos que el día terminaría también deprimente con otra bocabada de humo negro como las dos veces anteriores. Pero la gaviota, que acababa de alzar el vuelo, fue el preludio de la gran sonrisa que enseguida se abriría paso en el rostro de todos los presentes. A las 19:06 en punto, apareció claramente visible, recortado contra el oscureciente cielo, el humo blanco que ascendía a borbotones de la chimenea sixtina como si de palomitas de maíz se tratara; al mismo tiempo, las campanas de la Basílica de San Padro y de toda Roma empezaban a repicar a gloria. El consiguiente griterío y el clamor de tanta gente, a punto estuvieron de perforarnos el tímpano.

El humo blanco en esta ocasión hizo pensar a la multitud en el posible regreso del papado a los italianos, tal vez al Cardenal Angelo Scola, de Milán. La Conferencia Episcopal italiana, de hecho, ya había preparado un mensaje de felicitación en ese sentido y que, por error,  fue efectivamente enviado; en todo caso, denotaba por dónde iban las preferencias. La multitud afluía sin cesar hacia el centro de la Plaza hasta ponerla a rebosar. Los que hasta entonces habían permanecido atrás, como los pesimistas de antes, comenzaron a empujar hacia adelante haciendo del gentío un verdadero tsunami humano. Los habitantes de Roma, alertados por el incesante repique de las campanas de toda la ciudad, fueron acudiendo también en tromba y con la emoción en los pies a la Plaza  de San Pedro en la que ya no cabía un alfiler;  esto hizo de la Via della Conciliazione  y aledaños un hervidero humano.

Poco después, las cortinas del balcón central de la logia se movieron para, finalmente, abrirse de par en par y dar paso al Cardenal Diácono, Jean Louis Tauran, que, desde aquel lugar, convertido en el centro de atención de todo el mundo, pronunció las consabidas palabras «Habemus Papam». Supimos entonces la identidad del Papa: el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, que tomó el nombre de Francisco; con esto, llegaba también la sorpresa y el asombro a los miles de personas presentes en la Plaza de San Padro y al mundo entero. Esta noticia significaba  que no se trataba de un candidato de compromiso por parte de los Cardenales electores  ante un posible estancamiento entre dos favoritos, sino que, como llegaríamos a saber más tarde, aquélla fue la primera opción de la mayoría de los Cardenales en el cónclave.

2497812090

San Francisco de Assisi

p Al tomar el nombre Francisco, el Papa evocaba muchas realidades que podían interconectarse. Francisco fue el apóstol por excelencia de los pobres. (Más tarde, el Papa Francisco indicaría cuánto deseaba una Iglesia pobre y al servicio de los pobres). San Francisco es el Patrono de Italia, lo que hace, además, que este argentino, hijo de inmigrantes italianos en la Argentina, fuera especialmente querido por los italianos al tomar su nombre. Pero así como el Señor llamó a San Francisco a «reformar su Iglesia», el Papa parecía indicar desde el principio que él y su rebaño estaban todos llamados a ser miembros de la misma familia renovada, la familia de la Iglesia.

Para los Redentoristas se da el caso de otra anécdota interesante que recordar. Antes del cónclave, y gracias al Padre Noel Londoño, SCALA, en su número coincidente con la Sede Vacante, publicó la oración de San Alfonso con motivo del Cónclave de 1774, lo que hizo que dicha oración terminara circulando por todo el mundo antes de la elección de Francisco. Esa oración la escribió Alfonso en 1774, poco después de la muerte de Clemente XIV – el Papa al que, en su lecho de muerte y según la tradición, asistió por bilocación San Alfonso. La oración se refería también a los tiempos difíciles por los que atravesaba la Iglesia de entonces en aquella época. Aunque no se mencionaba en dicho número de SCALA, en dicha oración también hacía referencia San Alfonso a la Orden Jesuita que había sido suprimida en 1773 por el Franciscano Clemente XIV. (La Orden fue restablecida por el Vaticano en 1814 gracias a la benevolencia del Papa Pío VII). Ahora, irónicamente, resultaba que el Cardenal Bergoglio, además de ser Jesuíta y el primero de ellos en ser elegido Papa, escogía precisamente el nombre del fundador de los Franciscanos.

Tras una breve pausa en la que las expresiones de alegría y entusiasmo se acallaron por unos instantes en la Plaza al ponerse en marcha el regimiento de la Guardia Suiza con la banda de música al frente para posicionarse ante la Basílica de San Pedro e interpretar unos himnos, el nuevo Papa salía al balcón central de la logia de la Basílica;  y lo hacía sin el tradicional y recargado roquete que portan en tales ocasiones los Papas, sin la muceta roja y sin la imponente estola papal. Salía a  cuerpo con la sencilla sotana blanca, a saludar a la gente; y lo hizo de la forma más sencilla posible, con un «¡Buenas tardes!» al que no acompañaba aquel tradicional movimiento de brazos extendidos hacia el cielo, que daban especial solemnidad al momento, tal y como lo habían hecho los Papas anteriores. Estaba claro que el Papa Francisco iba a traer un estilo nuevo, más sencillo, más humilde, al papado. La multitud, emocionada, lo captó enseguida. Estaba claro que Francisco no iba a hacer juego alguno al «culto de la personalidad». Después, tras esperar pacientemente, nos dirigió la palabra, nos habló con el estilo más normal, como quien se siente ante todo Obispo nuestro, de Roma,como quien nos ve a nosotros como su rebaño, como el pueblo a él encomendado, pero contemplando al mismo tiempo «a la Iglesia de Roma como el centro del cristianismo que preside en la caridad a todas las demás Iglesias», sugiriendo claramente un estilo nuevo de colegialidad.

Sencillas palabras estuvieron acompañadas de sencillos símbolos
pope_francis_painting Serían necesarias muchas más palabras de las que el propio Papa usó para exponer toda la esencia que en su interior se escondía. Un bloguero de nombre Margaret escribió:
«El Papa Francisco comenzó dirigiéndose, no al mundo, sino a aquellos con los que entablaba una relación paternal en su diócesis. Sólo afianzándose en su propia diócesis, como pastor, puede sentirse seguro a la hora de dirigir a los demás obispos y al mundo. Así, fue a ellos a quienes habló directamente en primer  lugar como al pueblo que le había sido encomendado; y expresó su amor por Benedicto XVI invitando a todos a orar juntos por él. Luego describió cómo su relación iba a ser: Obispo y pueblo. Y, realmente, fue en esa mutua relación como los invitó al silencio y a orar los unos por los otros. Al final, Francisco dio las buenas noches e invitó tiernamente a sus hijos a un buen descanso; tenía que dejarlos entonces pero volverían a verle pronto; a la mañana siguiente iría a visitar a la Madre de todos (Salus Popoli en su Santuario de la Basílica Santa Maria la Mayor) para que ella los protegiera; pero que se fueran ya a descansar algo. Creo que todos nos sentimos seguros cuando fuimos testigos del comienzo de su relación con su propia diócesis».

ITALIA PAPA PONTIFICADOSus sencillas palabras estuvieron acompañadas de sencillos símbolos. Francisco salió a la logia con la vestimenta papal más elemental: solideo, sotana y esclavina blancas además de lo que parecía ser su humilde cruz pectoral de siempre. Se dice que, entre bastidores, rehusó revestirse con ornamentos llamativos. En la bendición, él mismo sacó su estola y se la colocó, dejando de piedra al maestro de ceremonias empeñado en hacerlo como era costumbre con el Papa; allí quedó, pues, de pie y sin otro menester.

Pidió a los fieles que rezaran para que Dios lo bendijera entonces, y se inclinó ante ellos; después, se irguió e impartió su propia bendición a la  multitud allí reunida, a la Ciudad y al Orbe entero. Más tarde nos enteramos de que tomó el autobús de vuelta a la residencia Santa Marta con el resto de Cardenales; no quiso usar la limusina papal.

En los días siguientes al Inicio de su Pontificado, el Papa Francisco continuó ofreciendo a la Iglesia y al mundo signos, símbolos, y palabras que hablan de un papado que será más sencillo, más humilde y más transparente.

Muchos oraron por un Papa «joven» y «enérgico».  El Padre Willy Raymond CSC, un periodista que conozco, describe al Papa  Francisco, de 76 años de edad, en términos de juventud y energía: «El Papa Francisco tiene sentido del humor, es profundo, simpático, alegre, santo, y entusiasta, todo al mismo tiempo». El Espíritu Santo escuchó nuestras oraciones con un guiño, como si quisiera emular a la gaviota traviesa que se encaramó a lo alto de la chimenea sixtina durante la última hora de la vigilia de oración mientras al otro extremo de ese largo tubo de la estufa sixtina los Cardenales hacían historia.

Un comienzo con humor, profundo, simpático, alegre y entusiasta para una Iglesia hambrienta de superar las inquietudes de la última década.

 


Pope Francis waves as he leaves at the end of the weekly general audience in Saint Peter's Square at the Vatican

Breve curriculum vitae del Papa Francisco

Fecha de nacimiento: 17 de diciembre de 1936
Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina
Nombre de nacimiento: Jorge Mario Bergoglio
Padre: Mario Bergoglio
Madre: Regina Sivori

Otros datos:
Primer Papa Jesuita.
Primer Papa hispanoamericano y primero de las Américas.
Primer Papa no europeo en más de 1.000 años.
Al parecer, en la elección papal de 2005 fue el segundo Cardenal que mayor número de votos obtuvo.
Siendo Arzobispo de Buenos Aires, el Papa Francisco tomaba el autobús o el metro para moverse por la ciudad; él mismo se concinaba su propia comida.
Al Papa Francisco, siendo joven, le extirparon el lóbulo superior de un pulmón, pero su salud no se resintió por ello.

Fechas a lo largo del tiempo:
Edad 22: 1958 – Entra en el noviciado de los Jesuitas
Edad 33: 13 de diciembre de 1969 – Es ordenado sacerdote.
Edad 36: 22 de abril de 1973 – Profesa los votos perpetuos como Jesuita
1973-1979 – Es nombrado Maestro de Novicios y, posteriormente, Provincial de los Jesuitas de Argentina.
Edad 43: 1980-1986 – Es nombrado Rector de la Facultad de Filosofía y Teología de San Miguel.
Edad 55: 20 de mayo de 1992 – Es nombrado Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Buenos Aires, Obispo titular de Auca
Edad 60: 3 de junio de 1997 – Es nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires.
Edad 61: 28 de febrero de 1998 -Sucede en la Sede de Buenos Aires al Cardenal Antonio Quarracino, Arzobispo de Buenos Aires.
6 de noviembre de 1998 – Es nombrado Obispo de los fieles argentinos de rito bizantino.
Edad 64: 21 de febrero de 2001 – Es creado por el Papa Juan Pablo II Cardenal Presbítero, titular de la iglesia San Robert Belarmino.
Edad 68: abril de 2005 – Participa en el Cónclave que elige al Cardenal Joseph Ratzinger como Papa, Benedicto XVI.
8 de noviembre de 2005-8 de noviembre de 2011– Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Edad 76: 13 de marzo de 2013 – Tras la renuncia del Papa Benedicto XVI, Papa Emérito, es elegido como el 266 Papa de entre los 115 Cardenales presentes; esto sucede en el segundo día del Cónclave y a la quinta votación del mismo. Poco después de las 19 horas de Roma aparece la fumata blanca sobre la Capilla Sixtina. Elige el nombre de Francisco por San Francisco de Asís.

 


Papas de Órdenes religiosas:
De los 266 Papas, sólo 34 han pertenecido a una Orden religiosa:

Benedictinos – 17 Papas: Gregorio I, Bonifacio IV, Adeodatus II, León IV, Juan IX, Leon VII, Esteban IX, Gregorio VII, Víctor III, Urbano II, Pascual II, Gelasio II, Celestino V, Clemente VI, Urbano V, Pío VII, Gregorio XVI.
Agustinos – 6 Papas: Eugenio IV, Honorio II, Inocencio II, Lucio II, Gregorio VIII, Adriano IV
Dominicos – 4 Papas: Inocencio V, Benedicto XI, Pío V, Benedicto XIII
Franciscanos – 4 Papas: Nicolás IV, Sixto IV, Sixto V, Clemente XIV
Cistercienses – 2 Papas: Eugenio III, Benedicto XII
Jesuitas – 1 Papa: Francisco

 


 

El Papa Francisco saluda a los Cardenales en la Sala Clementina el viernes siguiente a su elección.

El Papa Francisco saluda al Redentorista, Cardenal Julio Terrazas Sandoval, C.Ss.R., Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.


 

Traducción: Porfirio Tejera, C.Ss.R., Roma.