Los valores de las comunidades redentoristas sanas y vibrantes y la Vita Apostólica

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Entre los valores esenciales de nuestras Constituciones Redentoristas se encuentran el de la vida fraterna y apostólica. Cristo, el Redentor está en el centro de nuestra Vita Apostólica (Const. 1 y 21), es decir, nuestra vida comunitaria y ministerial. Estamos invitados a un proceso de conversión continua.

Nuestras Constituciones expresan que, además de ser valores evangélicos y teológicos, nuestra vida comunitaria es esencial para nosotros cuando respondemos a nuestra misión específica en la Iglesia, es decir, el anuncio de la Redención Abundante en Jesús. Para esta reflexión, en lugar de repetir los valores de nuestras comunidades redentoristas según lo expresado en nuestras Constituciones, y para ofrecer algunos criterios diferentes, colocamos los valores de nuestra comunidad redentorista en una perspectiva más amplia de los valores, características y atractivo de las comunidades religiosas vibrantes. Esto se presenta en el espíritu de reflexiones ofrecido por el Papa Francisco, quien ha indicado a las comunidades religiosas que, para promover las vocaciones, el atractivo de nuestras vidas, que es un reflejo de la fidelidad a nuestro carisma particular, es la forma más efectiva de hacer el ministerio vocacional.

Entre las diversas fuentes de esta presentación se encuentran las reflexiones de la Conferencia de Religiosos Puertorriqueños, las reflexiones provenientes de la Conferencia Latinoamericana de Religiosas (CLAR) y su ex presidenta, la Hermana Mercedes Casas, F.Sp.S., y las reflexiones ofrecidas por el Padre John Fullenbach, un Misionero del Verbo Divino que enseña en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

A medida que analizamos estos valores y características de comunidades religiosas sanas y vibrantes, es posible que se desee reflexionar sobre San Alfonso y los comienzos de nuestra propia Congregación. Esta reflexión puede aclarar la conversión que todos debemos emprender en fidelidad a nuestro carisma fundacional original.

Comunidades religiosas sanas y vibrantes:

1. Gran confianza en el Espíritu Santo:

Un ejemplo que incluso es fundamental para nosotros los Redentoristas es, cuando nos enfrentamos a nuevas iniciativas misioneras, la primera pregunta que debemos hacernos no es si tenemos dinero o personal, sino si ¿es el Espíritu Santo quien nos llama a hacer este trabajo considerando que nuestros fieles leyen los signos de los tiempos y nuestro carisma?

2. Preocupación por el crecimiento espiritual de cada miembro, cada comunidad y el Instituto en general:

Repetidamente, los miembros de nuestra propia comunidad han estado en crisis, y los últimos en reconocer y acompañar a nuestros hermanos son los miembros de la misma comunidad. Se puede especular que tal vez muchos no habrían abandonado la Vida Religiosa Redentorista si hubiera habido más interés y preocupación en las comunidades.

3. Compartir las experiencias de la vida espiritual:

Las comunidades religiosas vibrantes comparten sus experiencias de vida espiritual al menos una vez por semana. Comparten lo que se llama su segunda conversión (“Vino nuevo en odres nuevos”, n. 35 a). La primera conversión son los momentos especiales, por ejemplo, profesiones, ordenación del sacerdocio, etc., cuando la persona consagrada declara públicamente su radical seguimiento del Señor. Es una ocasión especial cuando los religiosos son apoyados y admirados por familiares, compañeros religiosos y amigos. Las segundas conversiones son la re-confirmación de este compromiso después de problemas, confusiones, decepciones, desilusiones, desacuerdos con los superiores, cohermanos, asociados, salud, problemas emocionales y otros problemas personales. Son sesiones de apoyo mutuo, edificación, comprensión y auténtica hermandad. Estas experiencias de segunda conversión y el intercambio no se basan en el conocimiento teórico, sino en la conversión personal y comunitaria.

4. “APASIONADOS” de Jesús y su Reino:

Estas comunidades inspiran y edifican a los demás por sus “corazones en llamas”.

5. No “colapsar” cuando uno se enfrenta a duras realidades:

Estas comunidades generan sueños de esperanza. Comunican que la presencia de la Vida consagrada es necesaria, valiosa y posible, incluso en las sociedades occidentales, más secularizadas.

6. Genera en otros el deseo de seguir al Señor en este estilo de vida:

Por su alegría, frescura, entusiasmo y generosidad, los religiosos comunican que su vocación y opción por la vida consagrada es lo mejor que les pudo haber sucedido en sus vidas.

7. Son “vino nuevo en nuevas pieles”:

Las comunidades religiosas vibrantes son el “vino nuevo” que el Espíritu está produciendo en la Vida consagrada y generan la posibilidad de nuevos “odres” (recipientes) que son más transparentes, tolerantes, humanos y humanizadores.

8. Una sensibilidad refinada:

Estas comunidades disfrutan de una sensibilidad refinada para experimentar las alegrías y los gritos de la humanidad. Generan una nueva mística orientada a la acción (Karl Rahner).

9. Diga la verdad en el amor:

Debido a que no se conforman con lo ya establecido, generan una profecía más auténtica y comprometida a través de la Vida Consagrada que es más liviana en estructuras y más audaz.

10. Reconocer los límites, la pequeñez, la fragilidad:

Dan testimonio de una manera más evangélica de estar en el mundo, desde el poder de lo poco importante y lo ordinario, donde el protagonista es el Espíritu (Cf. la experiencia de San Pablo, II Cor. 12, 7 – 10).

11. Su punto de referencia constante es la Palabra de Dios:

Las comunidades vibrantes releen fielmente la Palabra de Dios desde la perspectiva de su legado carismático y los pobres abandonados.

12. Mantener la atención en los gritos de la creación:

Estas comunidades se preocupan por la vida y nuestro “hogar común”. Cuidan y fomentan un mundo que es más habitable física y fraternalmente, donde todos sienten que son hermanos y hermanas.

13. Generar nuevas formas de pensar y estar presentes en el mundo de hoy:

Las comunidades vibrantes saben cómo usar las redes sociales con habilidad y creatividad, sin perder su capacidad de soledad, silencio e intimidad y atención concreta con aquellos con quienes comparten diariamente sus vidas y su misión.

14. Promover la educación continua:

Además de promover la formación continua mediante talleres, cursos y estudios superiores, las comunidades vibrantes y saludables enfatizan y estructuran la formación continua en sus comunidades locales. (El Papa Francisco ha comentado que la formación continua no es solo una cuestión de participar en talleres y cursos, por ejemplo, en un nivel comunitario más amplio, sino que también debe hacerse a nivel de la comunidad local. Continúa diciendo que las comunidades que no tienen ¡La formación continua a nivel comunitario no tiene derecho a promover vocaciones en sus Institutos!)

Además de estas catorce consideraciones de comunidades religiosas vibrantes, se debe decir algo sobre el liderazgo en este modelo de comunidades religiosas saludables y vibrantes.

Sabemos que las comunidades vibrantes y saludables necesitan un liderazgo de calidad, fiel y creíble. Además, el liderazgo de calidad, fiel y creíble necesita comunidades vibrantes y saludables. Los dos se comparan entre sí y ofrecen a nuestro carisma el dinamismo y la eficacia para la edificación del Reino de Dios.

Los líderes (superiores) de comunidades religiosas sanas y vibrantes se caracterizan por su sencillez y humildad. ¡Ellos, personalmente y en comunidad, ejercen su autoridad como lo hizo Jesús! Incluso las corporaciones se han dado cuenta de cuán más efectivas y productivas son y pueden llegar a ser con líderes humildes y alentadores. Esto se debe a que el líder humilde escucha y promueve los talentos de los empleados y la responsabilidad compartida de la corporación y su crecimiento en el futuro. Los miembros de estas corporaciones incluso comienzan a imitar a sus líderes.

Además, lo esencial para el liderazgo es una VISIÓN.

Nosotros, los Redentoristas, recordamos el retiro dado a los Capitulares del último Capítulo General por el Cardenal de Manila, Cardenal Tagle. El Cardenal describió una visión saludable y evangélica como una que:

– eleva nuestro enfoque (miramos hacia arriba y nos concentramos en lo importante y lo significativo)

– orienta una dirección (hay objetivos y metas por alcanzar), y

– Enciende, excita el corazón. Sobre este último punto, él comentó en broma, pero de manera significativa, que la visión no solo debe tocar mucho el corazón y nuestras emociones, sino que también provoca lágrimas en nuestros ojos. ¡Mencionó cuántas visiones provocan lágrimas, pero no de emoción, más bien de decepción!

Algunas posibles preguntas que pueden enriquecer nuestras reflexiones son:

1. ¿Qué piensas acerca de la calidad de tu propia experiencia de vida comunitaria?

2. ¿Calificaría a su comunidad religiosa local y provincial como “vibrante”?

3. ¿Qué puedes hacer para mejorar tu vida comunitaria y su misión?

P. Manuel Rodríguez Delgado, C.Ss.R.
Secretaría General de Formación.